PREGÓN DE LAS FIESTAS DEL CRISTO 2014 -Celso Fernández

PREGON FIESTAS CRISTO DEL AMPARO – COLLANZO 2.014

Hola que tal. Saludos. Buenas noches.

Verdaderamente es un lujo subirse al escenario en esta plaza que guarda tantos recuerdos de antaño. Y tener la suerte de que hayan acudido ustedes a escuchar este pregón que va a abrir los festejos del Santísimo Cristo del Amparo. No se preocupen porque no les voy a cansar mucho. Permítanme solamente una reflexión:

Estamos a punto de iniciar la fiesta. Por eso les propongo que no duden en guardar hasta el lunes en la maleta del olvido, todos aquellos malos momentos, las preocupaciones y problemas, porque de lo contrario no podrán disfrutar ni tan siquiera de un rato agradable. Cojan aire, respiren hondo y sonríanle a la vida, porque ésta no se detiene. Pasa tan de prisa, que cuando nos damos cuenta apenas nos queda tiempo para reconocer lo bella que es, aunque sea en esta selva plagada de dificultades e inconvenientes, que nos obligan a superarnos y evitan que caigamos en el tedio y la desesperanza.

Bueno, tras este paréntesis, he de decirles que si bien un servidor había decidido ya hace tiempo abandonar la faceta de pregonero, he aceptado este reto porque así me lo ha pedido mi buen amigo René Baizán. Y por colaborar con esta nueva Asociación de Vecinos de San Blas, que está dispuesta a trabajar por la zona a pesar de algunas desavenencias surgidas.

Como diría mi amigo Antony Blake, (El Mago de la Mente) que, por cierto, hace años actuaba aquí en Collanzo; lo que les voy a contar es fruto de la imaginación, tiene poco que ver con la realidad.

Se trata de una pequeña historia de amor. Los protagonistas: Alba, de Santibañez, y Pelayo, de Collanzo.
Ocurrió hace muchos años en Santibañez de la Fuente, alrededor del tejo, el texu, el árbol sagrado de los celtas. Allí se encontraba Pelayo durante la celebración de la fiesta. Alba le tiró los tejos, las semillas o ramitas del árbol milenario. Era la señal de que el mozo era su preferido. A partir de ahí surgió un amor intenso, interrumpido por la guerra que les separa cuando Alba se encontraba embarazada de una hija a la que más tarde llamó Elda.
Pasaron los años escribiéndose cartas hasta que Pelayo se exilió a Cuba y se perdieron los contactos.
Cada día, Alba acudía con su pequeña al entorno del tejo, en las inmediaciones de la iglesia románica de San Juan de Rio Miera, declarada monumento histórico artístico, junto a la fuente de agua clara de la que bebían los caminantes, peregrinos jacobeos del camino de Santiago, que se adentraba en Aller por el puerto de San Isidro.
Se dice del texu que en torno a él celebraban sus reuniones los celtas del castro de Les Mueles, para orar a sus dioses. Era también un punto de encuentro para el desarrollo de concejos abiertos o cabildos vecinales. Y en la actualidad aún se celebran bajo estos árboles fiestas y romerías.
Para los antiguos astures tenía un carácter mágico. Sobre él han surgido leyendas relativas a la taxina, un veneno que produce y que, según los más antiguos, era utilizado en viejos aquelarres y para envenenar las puntas de las flechas que utilizaban los astures contra sus enemigos.
En ese carácter mágico que se ha asignado al texu, confiaba Alba para volver a ver a su querido Pelayo. Pero la distancia no perdona y el mozo de Collanzo se quedó en La Habana sin poder regresar junto a su mujer y con las ganas de conocer a su hija.

Muchos años más tarde, coincidiendo con un viaje institucional del presidente del Principado, Vicente Alvarez Areces, por varios países de Sudamérica, que tuve la oportunidad de cubrir informativamente para la radio, visitamos la isla caribeña y en un encuentro con los asturianos de La Habana, en el Club Allerano de Cuba, que cumple ahora cien años, un compañero periodista y yo tuvimos la suerte de conocer a un anciano muy entrado en años, con el que dialogamos durante horas en torno a la mesa de una tasca antigua, frente al malecón.
Entre trago y trago de ron, nos contó que era de Collanzo, la capital allerana hasta 1.869. Enclave de caminos, donde la carretera se divide por la derecha hacia Casomera y Vegarada; y por la izquierda hacia Felechosa y San Isidro. Donde confluyen los ríos Mera y San Isidro para formar el Aller.
Había dos zonas de baño: el Fabarín y La Barraca, a las que durante el verano acudían a refrescarse las gentes de la parte baja del concejo.
Hablamos de La Panera, la pista de baile y restaurante, regentado por Alicia y Dionisio, quien compaginaba el trabajo de la mina con la hostelería.
En La Panera se cocinaron las primeras fabas con almejas. Fue un día en que el alcalde de Aller, por aquel entonces Vicente Madera, llegó al restaurante acompañado por el Gobernador Civil. El primer edil se adentró en la cocina de Alicia y al ver las fabas estofadas que estaba preparando, le propuso mezclarlas con unos caracoles que la cocinera tenía previsto ofrecer de tapa. El resultado fue un plato exquisito.
A los pocos días volvió el alcalde con unos kilos de almejas para sustituirlas por los caracoles y cocinarlas con las fabas. Así surgieron les “fabes con almejes”.
Pero el restaurante ofrecía además otra serie de exquisiteces como la menestra de truchas, las que capturaba Gelín el pescador, o el pollo con peras al whisky. ¡ Qué grandísima cocinera era Alicia!.
Otros establecimientos con historia en Collanzo eran: Casa de Juan Reguera, comercio de ultramarinos, almacén de vinos, tienda y bar. Lugar de reunión, tertulia y cafés. Lo mismo te vendía un vino que una corbata. Poseía una extraordinaria colección de botellas.
Por supuesto, Vinos Heliodoro, que llevó el nombre de Collanzo por toda Asturias. El café de Morán o Casa Nazarena, en la plaza del doctor Riesgo.
En esta plaza jugaban los guajes con el aro y la gancheta, el diabolo y la peonza. Al cascayu, les chapes, lirio-lario o pica la mula, cuando no se organizaban paseos en bicicleta hasta Cuérigo. Balte en el garaje se encargaba de poner las bicis a punto.
En la plaza proyectaba cine un tal Julio Cesar Quijano, que se desplazaba desde Mieres. Más tarde también proyectó cine René Baizán que acudía con el cinematógrafo a Felechosa, Bello y Casomera.

El viejo allerano residente en La Habana participaba emocionado de la conversación.

Por las fiestas del Cristo se celebraban grandes bailes con fantásticas orquestas en La Panera, que acabó llamándose Plató.
Otro lugar de encuentro para el baile era la Casa de la Sidra. Y las fiestas que organizaba Pancho en la Cantina del Vasco. Cuando llovía, los danzantes se ejercitaban en la sala de espera de la estación de ferrocarril a la que llegó el tren por vez primera en 1.935. Aquí finalizaba su trayecto la línea desde Oviedo. Un puente giratorio daba vuelta a los trenes.
Había competiciones ciclistas en las que tomaban parte deportistas locales como: Baltasar, Chus Miranda, Gelín de la Casona, Talín el de Llanos o Efrén el de Cuérigo. Las bicicletas las alquilaban por 20 pesetas, de sábado a domingo, en el Garaje Tuñón de Mieres.

Pero Collanzo forma también parte de la historia de la minería. La explotación La Bascona, más tarde Mina Martina. Se ubicaba en la sierra de Conforcos. Una explosión de grisú segaba la vida de cinco mineros en 1.945.

Al viejo allerano de Cuba se le empañaron los ojos.

Mi amigo y yo le contamos que turísticamente el pueblo aprovecha sus recursos por su situación privilegiada: a menos de media hora de un puerto de montaña, con estaciones de esquí. A unos cuarenta minutos de un puerto de mar y playa, con infinidad de rutas y senderos de montaña, apartamentos, y casas rurales, restaurantes, un buen coto de pesca o los montes de Cardeo-La Fuente, en los que se puede asistir al magnífico espectáculo de la Berrea de los Venados.

Collanzo ha sido siempre un pueblo de gente hospitalaria, acogedora y solidaria. Para ejemplo, la antigua leprosería de Valdevenero, dos kilómetros abajo, transformada hoy en casa rural.
Un pueblo trabajador y preocupado por lo suyo. Desde la nueva Asociación de Vecinos de San Blas se ha solicitado el asfaltado de calles y la mejora de aceras. La colocación de bandas sonoras en la carretera para evitar excesos de velocidad. La instalación de nuevas bocas de riego contraincendios. Un local para el centro de salud. La fibra óptica para la telefonía e internet. Plantas ornamentales. Concretar la gestión y el uso de las escuelas.

Nuestro viejo allerano-cubano escucha con atención.

Le tarareamos el estribillo de una tonada asturiana:

“Al pasar la Collaona
di la vuelta a mi sombrero.
Adiós moces de Collanzo.
Cuando volveré a veros”.

Se emociona. Nos habla de su vida. De todas las peripecias sufridas. Menciona con amargura como las vicisitudes de la guerra le separaron de su amada Alba, sin poder conocer a su hija. En ese momento a mi compañero y amigo Pelayín le saltaron las lágrimas y se fundió en un abrazo con el viejo. Después de tantos años de oír hablar de él, acababa de conocer y encontrar a su abuelo.

Los distanciamientos son malos en todos los aspectos. Son perjudiciales entre las personas y también entre los pueblos. Es por ello que aprovecho el viejo dicho de: “La unión hace la fuerza”, para abogar por esa unidad que redunde en la mejora y el bienestar de los habitantes de Collanzo y de toda la parroquia.

Que el Santísimo Cristo les ampare. Felices Fiestas y que las disfruten.

Collanzo 19-9-2.014

Celso Fernández.-

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