HISTORIA DE CASA LA SIDRA

 La Casa la Sidra es parte de la historia de Col.lanzo. Este chigre y llagar aun permanecen en la memoria de mucha gente pero de manera muy especial en la de Carlos Fulgencio Gutiérrez que vivió desde niño los avatares de este negocio familiar. Él nos relata el funcionamiento del llagar y alguna que otra anécdota relacionada con La Casa la Sidra que cerró sus puertas en 1975.

 Sus abuelos, Carlos Gutiérrez, de Conforcos y Victoria García, de Rucao (Soto) tras su matrimonio, a principios del siglo XX, atienden el chigre y la bolera de La Casa la Sidra. El abuelo Carlos era carpintero, dedicándose a la fabricación de aperos para la labranza y útiles domésticos, destacando en la construcción de ruedas para carro y ferraes para transportar el agua.

Su buena mano para la carpintería lo lleva a construir un llagar que adaptó a las medidas de un local contiguo al chigre por eso llama la atención su disposición en un espacio relativamente pequeño.

Con la puesta en funcionamiento del llagar se inicia la producción de sidra elaborada con manzanas de la zona que compran a los vecinos y recogen ellos directamente. En algunos casos, los vecinos van “a medies”, recibiendo el pago en especie, mediante los litros de sidra estipulados.

La producción era importante pues una parte se destinaba al reparto y otra se vendía a almacenes como El Visu, de Santuyano o a Constante, de Cenera. Se vendía la sidra dulce, en bocoyes y también embotellada.

La Casa la Sidra tenía en la antoxana su pista de baile que desde antiguo se utilizaba para el baile a lo suelto los días festivos, con solistas o pequeñas bandas como Los Quirotelvos y también con las conocidas gramolas. No faltaban los comediantes húngaros que se dejaban ver, de vez en cuando, representando obras teatrales.

Los mejores recuerdos para Carlos Fulgencio, sin embargo, son las estelares atracciones que contrataban para las fiestas de S. Blas y El Cristo a cargo de la Orquesta Iris, Los Archiduques, la Orquesta Mary o Los Seniors.

Tenían que encargar toldos a la empresa Cañada, de Gijón que recibían a través del ferrocarril Vasco-Asturiano. Sujetaban los toldos con sogas de “andar a la yerba”, amarrándolas a los árboles para prevenir las inoportunas lluvias o simplemente el frío, garantizando así el buen desarrollo el baile.

El tío Fulgencio

La prematura muerte del abuelo, antes de la guerra civil, deja a su mujer Victoria, a cargo de ocho hijos, Fulgencio, Antón, Carlos, Fernando, Eloy, Anita, Isabel y Victoria, en una comprometida situación. El hijo mayor, Fulgencio, tiene entonces quince años y será el primero que tome las riendas del negocio familiar.

Precisamente Carlos Fulgencio se siente muy ligado a su tío porque también desde niño lo acompaña en las más diversas tareas y lo describe como una persona muy emprendedora, habilidoso con la maquinaria y gran trabajador.

La primera anécdota que conoce de él es que repartiendo la sidra con un carro del que tiraba una mula, más de una vez perdió la carga, cuando el maquinista de El Zurrón pitaba para gastarle una broma y espantaba a la mula, desparramándose las botellas por la carretera.

Una de las principales tareas realizadas por su tío Fulgencio fue la mecanización del llagar comprando un motor de gasolina para mover el molino de triturar la manzana. Previamente había instalado una rueda procedente del lavadero de la mina “La Bascona” de Cuergo.

A través de unos maquinistas de “El Vasco”, que comían en el chigre, consiguió una carraca para mover los fusos del llagar con menor esfuerzo para el prensado de la manzana.

Siempre se preocupaba de contar con el material necesario para el buen funcionamiento del negocio: la embotelladora, la corchadora, las botellas, que se encargaban a Gijón, las cajas de madera grabadas con el nombre de La Casa la Sidra y un singular embudo de madera con forma de ferrá. Todo este material de indudable valor etnográfico se conserva actualmente en el llagar.

Cuando tocaba embotellar la sidra se realizaba el trabajo en cadena. Primero fervíense los corchos, colocando un paño sobre la pota para aprovechar el vapor, después había que tener sumo cuidado a la hora de corchar para no pillarse los dedos.

La limpieza de los bocoyes se realizaba introduciéndose por un reducido agujero, tarea que realizaba Carlos Fulgencio con gran destreza.

Su tío compró una gramola para animar los bailes de La Casa la Sidra en la que colocaba diversos discos siendo su tema preferido, por aquellos años, “Mi jaca”.

Carlos Fulgencio coincidió, estudiando en la Escuela de Peritos de Mieres con Juan, el organista de Los Archiduques y con Joaquín que estudiaba en Maestría, asistiendo a la presentación del grupo en el Teatro Capitol. Aquella amistad le sirvió para contar con ellos en los bailes de La Casa la Sidra.

La panadería

En 1950, la abuela Victoria empeñó el prau de La Casona para ampliar el negocio familiar adquiriendo la panadería de Miguel “Llavián” que se encontraba en los terrenos de “El Vasco”, pasando posteriormente al lugar conocido como La Fragua, junto a la ermita del Ángel de la Guarda, donde “Llavián” tenía casa y cantina.

En un principio la panadería estaba a nombre de la abuela y de un socio que era guardia municipal, al abandonar éste el negocio queda en su totalidad para la familia.

Fulgencio es el repartidor y sus hermanos Carlos y Antonio, junto a otros empleados, se encargan  de los trabajos de la panadería.

Carlos Fulgencio recuerda aquellos primeros años del trabajo artesanal que realizaban sus tíos, amasando a mano en una masera, calentando el agua y metiendo las hogazas de pan en un horno de leña.

Un horno giratorio semi-metálico lo construyeron los hermanos Escalante Cuevas, unos vecinos de El Pino, uno de ellos era albañil y aprendió el oficio por Gijón, dedicándose a la construcción de hornos varios años, con barro, ladrillo macizo y refractario.

En el año 1952 construyen un horno que corre a cargo de la empresa catalana “Ferré-Mateu” que envía a un empleado, Cambra, hasta Col.lanzo para levantar el horno.

Este empleado le envió por Pascua a Carlos Fulgencio una caja de golosinas y chocolates y el tradicional “caganer”, que en aquellos años no era muy conocido por estos pagos.

Junto a estas innovaciones  vino la compra de la amasadora de brazos y la bregadora, lo que supuso una mejora en las duras condiciones de trabajo.

No se le escapa a Carlos Fulgencio la personalidad de “Llavián”, el antiguo dueño de la panadería, todo un personaje de la época que emigró para la república Argentina. Era un gran viajero y en una ocasión que regresaba de París tuvo el detalle de regalarle una navaja con las cachas de plata y la representación de la torre Eiffel y el Arco de Triunfo.

A temprana edad, Carlos Fulgencio, siempre al lado de su tío, también se va forjando en el trabajo de la panadería y en cuanto tiene permiso de conducir se convierte en repartidor con aquella furgoneta “Ford-4”, matricula de Sevilla.

La panadería siempre abasteció de pan a los pueblos de la zona alta del concejo, por Cabanaquinta, Pel.luno, Beyo, Casomera y Felechosa.

Tras convertirse en autónomo su vida queda totalmente ligada a la panadería hasta su jubilación. En la actualidad continúan con el negocio familiar sus primos Eduardo y José Antonio.

El Llagar

De La Casa la Sidra (Carlos Fulgencio comenta que existió otra anterior detrás de ésta) queda el llagar con todo su equipamiento. Un llagar digno de visitar por su historia y por su singularidad.

Su estructura se adapta al local en el que fue construido, aprovechando la altura de las paredes, de esta forma la descarga de la manzana se realizaba sin mucho esfuerzo desde la parte posterior de la casa.

El duernu para la recogida del mosto se encuentra por debajo del suelo del local, también con la intención de aprovechar al máximo el espacio.

Los utensilios que se conservan son la embotelladora, la corchadora, y el embudo. Las antiguas botellas de sidra, las cajas de madera, incluida una con la marca de la casa, pipas y bocoyes completan este llagar con unos cien años de antigüedad.

No menos interesante resulta la mecanización del llagar llevada a cabo por Fulgencio con la finalidad de facilitar el trabajo de elaboración de la sidra, reaprovechando, en algunos casos, material procedente otras industrias.

Carlos Fulgencio Gutiérrez, con su prodigiosa memoria, relata con todo lujo de detalles la historia de La Casa la Sidra donde vivió desde su niñez, convirtiéndose en un aventajado anfitrión para la visita, como la que realizó el Consejo Editorial de “Estaferia Ayerana” el pasado mes de junio y desde aquí queremos mostrarle nuestro agradecimiento.

Texto: Ánxel Álvarez Llano
Fotos: Camilo Alonso
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2 respuestas a HISTORIA DE CASA LA SIDRA

  1. Collanzo dijo:

    desde la lejania de los años transcurridos desde el inicio de este pequeño negocio familiar queda uno sorprendido de la iniciativa de Fulgencio asi como del enorme trabajo desarrollado por todos desde los hermanos a los sobrinos .
    Por otro lado, hay que decir esa copla : ¡que bien sabe el pan de Casa la Sidra!
    Titi

  2. Rosa Mary la de Chispa dijo:

    Con el paso de los años y las nuevas tecnologias ningun pan de lo que tenemos hasta ahora ha logrado superar el sabor y el buen hacer del pan de Casa la Sidra. Muchos Domingos cuando estamos todos comiendo en casa de mis padres recordamos aquel pan que nos traía Carlinos en su Land Rover todos los dias por la mañana , bien calentito y en unas barras de ida y vuelta, no como las de ahora que son de aire. Aquellos bocadillos de la merienda que nos sabian a gloria estarán siempre en nuestra memoria como un pasado lejano del que pudimos disfrutar gracias a la labor y el trabajo de Casa la Sidra.

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